“Ant-Man: El Hombre Hormiga”, chiquito pero chistoso

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Dentro del Universo Cinematográfico de Marvel hemos visto una cantidad grande de personajes. Si bien cada película es una ventana para diferentes temas y formas de desarrollo argumental, lo cierto es que vienen cortadas con la misma tijera, una herramienta con aroma a comedia y entretenimiento. Eso es básicamente lo que ofrece esta nueva entrega del Universo Marvel, la introducción de un nuevo Vengador. Porque “Ant-Man: El Hombre Hormiga” (Ant-Man) no ofrece nada nuevo, siendo la típica historia de superhéroes con su ya desgastada fórmula melodramática familiar.

En términos muy generales, el cine de superhéroes es acerca de un hombre con una enorme virtud que tiene que luchar contra un villano. Eso lo hemos visto desde “Superman” (Richard Donner, 1978). Uno puede darle la vuelta a la tuerca haciendo más complejo el argumento como lo hizo Christopher Nolan con “Batman: El Caballero de la Noche” (The Dark Knight, 2008), pero en teoría prácticamente todos usan el camino del héroe contra el villano. Está bien, el problema es cuando no hay innovación en las formas y en el fondo, y eso es lo que sucede con la película de Peyton Reed.

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“Ant-Man: El Hombre Hormiga” contiene un guión simplemente práctico. Es decir, está marcado por un buen ritmo y un transcurso de situaciones que funcionan correctamente. Desde ese aspecto, la película resulta entretenida y fácil de llevar. La diversión está impregnada en cada escena. Sin embargo, no hay nada que se pueda mirar y juzgar como visionario, como una propuesta al género por mínimo que sea. La dirección de Reed resulta rutinaria y a ciencia cierta imposible de separar de un aspecto autoral. Por lo tanto, la película huele más a un producto automatizado que a una propuesta artística (por muchos dólares que están en juego).

Aun así tiene cosas que valen la pena. El elenco es muy bueno, confirmando que para esto los de Marvel andan atinados. Paul Rudd, quien siempre se distinguió por sus dotes de comedia, continúa ese estilo característico de él combinándolo a la perfección con su arquetipo de salvador de la sociedad. El Yellowjacket de Corey Stoll es una buena contraparte, el Henry Pym de Douglas resulta un buen maestro y Hope Van Dyne una buena figura sentimental.

“Ant-Man: El Hombre Hormiga” resulta pequeño en comparación de otras entregas de Marvel. En sus formas no es nuevo y en el fondo menos. Sin embargo, en todo momento mantiene su objetivo verdadero de ser un alto entretenimiento. Probablemente no es una película olvidable, pero pocas cosas puede uno sacar de ella como influencia. Toca hasta el próximo año saber si Marvel arranca con buen pie la Fase 3 de su masiva franquicia cinematográfica.

estrella buena

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