“Baby: El Aprendiz del Crimen”, música a toda velocidad

By August 11, 2017 Críticas No Comments

Muchas veces la historia es tan increíble que nos rendimos ante ella. Por supuesto, nos quedamos encantados, impresionados e impactados ante una historia que rebasa la imaginación humana. Cuando esa historia surge de la vida real, algunos hasta gritan de emoción. Probablemente, si no es apenas sacado de la realidad, una historia fuerte de total ficción es muy difícil de sacar a la luz. Entonces el cine, así como la literatura y otros medios para contar historias, se debate en el deber contar grandes historias o saber contar cualquier historia. Qué es más importante, el qué o el cómo. Si me dan a elegir, pues las dos, pero ciertamente una historia muy bien contada siempre traerá buenos recuerdos que algo mal ejecutado. El director Edgar Wright hace de una curiosa historia como “Baby: El Aprendiz del Crimen” (Baby Driver) una obra con todo el sentido cinematográfico que debe de haber.

La historia en realidad es muy simple, se trata de Baby que es un conductor en servicio del crimen de atracos, pero un día se enamora de una chica y es cuando siente que es momento de dejar el crimen a un lado, pero obviamente no se podrá zafar tan fácilmente, poniendo en peligro muchas cosas importantes de su vida. No es una historia tan fresca ni tan creativa, de hecho en cuanto a argumento Edgar Wright se mete en situaciones hasta cierto punto convencionales, donde los arquetipos están al servicio de lo predecible. Pero afortunadamente lo convence con su gran sentido narrativo. Se trata de una narración audiovisual fresca y divertida, pero como buen inglés también con elegancia y mucho gusto del bueno.

La película se convierte en una cinta de acción en vehículos, donde los atracos y la gente peligrosa están a la orden del día queriendo aguadarle el día a nuestro querido Baby. Pero todo al ritmo de la música. De hecho, Baby tiene que estar todo el tiempo conectado a unos audífonos para ser el mejor en lo que hace mientras va escuchando su musiquita. Por eso es importante todo lo que se logra en esa parte, pues el ritmo de la acción y los diálogos están perfectamente sincronizados. Aparte, eso lo hace divertido y entretenido, como una especie de seguro si la historia no da para tanto. En esta ocasión, la música y su instinto narrativo salvan y hasta elevan la película.

Eso es a destacar para alguien como Edgar Wright. Si bien ya habíamos visto su estilo en otras películas, aquí confirma que lo suyo es la narración compleja de algo sencillo. Lo cual lo hace naturalmente divertido y entretenido. Pero lo maravilloso de esto es que lo hace con su estilo sin ser convencional, lo cual tiene su mérito. En esta película es capaz de tomarse el tiempo y narrar las cosas “normales” por así decirlo en algo complejo o nuevo, de una forma en la que innova. No creo que tampoco sea para que esté creando un nuevo lenguaje audiovisual, pero está claro que quiere lograr algo significativo, quizá un precedente, por lo cual muchos tomarán esta película como inspiración para sus propias cosas.

Así que sin más, “Baby: El Aprendiz del Brujo” es una gran película con un buen sentido sensorial de lo que puede alcanzar a ser el cine. Las imágenes son muy buenas e impactantes y, por supuesto, el sonido con el soundtrack van muy de la mano, creando una atmósfera divertida y entretenida. Su historia no es lo suficientemente profunda, de hecho termina quizá muy simplona y con un discurso muy blando, pero la narrativa audiovisual con mucho estilo inglés hace de esta película algo elegante y de buen gusto. Todo funciona en conjunto y en su punto, hasta las actuaciones están como debería de ser, lo cual hace que la película sea redonda, pues el objetivo de Wright parece haberse logrado.

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