“Dunkerque”, el tic-tac y la salvación

Cuando vas al cine a ver una película vas porque algo te llamó la atención. Incluso si vas y ahí mismo te decides por una, al final tienes que elegir por la que te picó más la curiosidad. Pero qué es lo que viste que dijiste “voy a ver esta”. A veces la historia, muchas veces el actor, pueden ser los personajes que se venden solos, o hasta los directores. No es muy común que sea por los directores. Pero cuando es así, es porque ese director lleva arrastrando una carrera muy interesante, con un estilo identificable que te promete mantener con una pequeña dosis de innovación (porque al fin y al cabo también es esa su distinción). Hay muy pocos directores estrella en la actualidad, y uno de ellos es Christopher Nolan. Con “Dunkerque” (Dunkirk) crea una obra que encaja perfectamente en lo que nos gusta llamar buen cine en todos los aspectos.

La película va de una cantidad enorme de soldados británicos y franceses varados en las playas de Dunkerque en Francia después de ser derrotados dentro de lo que fue La Batalla de Dunkerque en la Segunda Guerra Mundial. Pero tienen que ser evacuados lo más pronto posible, pues la amenaza de una masacre por los alemanes es latente. Christopher Nolan toma un suceso histórico para transformarlo en una historia de suspenso. Claro que es la guerra y no está exenta de batallas, pero no estamos ante una película de buenos contra malos, sino de muchos tipos tratando de huir de una muerte segura. En Wikipedia encontrarán prácticamente todo el argumento de la película en un buen resumen, pues son hechos históricos, no hay bronca. Pero lo que ofrece Nolan no es contarte qué pasó, sino meterte (dentro de lo que cabe) en la situación real y angustiante a través de un gran espectáculo cinematográfico.

El argumento entonces es sencillo. No hay complicaciones, ni misterios, ni misiones, ni giros ni nada de eso. Simplemente lo que pasó. Pero lo genial de esto es que Nolan lo cuenta a su estilo, y ya sabemos que su estilo es espectacular y con un énfasis en el tiempo como un escenario más. El jugar con la cuarta dimensión hace que la película adquiera en sus formas un enfoque más propositivo cinematográficamente; hace que exista un nivel más allá de lo convencional que permita disfrutar con mayor entusiasmo y con un mayor detenimiento de todos sus elementos diseñados. Nolan no se va por la fácil, pero tampoco se la complica tanto como luego algunos les puede pasar. Él es como un Yoda que te puede cambiar la estructura narrativa, pero como sabe perfectamente qué decir lo puedes comprender a la perfección, y quieras o no quedas anonadado. Luego hay otros que tratan de cambiar la estructura, pero se hacen tantas bolas que terminan por no decir nada.

La practicidad la vemos cuando no se detiene para dar un respiro. No vemos a ningún personaje llorar porque extraña ser profesor de primaria o porque todos sus hermanos murieron en batalla. Es el aquí y el ahora, lo más prioritario. Si esperan una conexión individual no la van a encontrar, porque esa no es la propuesta. La propuesta está en el seguimiento del conjunto de personajes, o todos importan o nadie importa. Sabes que ese es el objetivo porque funciona, y si lo aceptas te encontrarás con una experiencia muy grata y hasta conmovedora. A lo mejor no es muy sensible, pero ciertos momentos sí te dejan conmovido (cierto suicidio o ahogamiento), pero más por de lo que se trata la guerra que por una conexión individual.

Tuve la fortuna de verla en IMAX, que luego ya no supe si era el verdadero IMAX de 70 mm o fue el puro IMAX Xenon de láser digital. El caso es que verlo en una gran pantalla, pero grande fue algo muy bueno. Sí pueden véanla en una buena pantalla y con buen sonido porque las partes técnicas, por lo menos en esta película, le dan una atmósfera más sensitiva e inmersa. La música de Hans Zimmer no se preocupa por ser grandiosa por sus melodías ni por ser bonita, simplemente está al servicio de la película, y consigue hacer más intenso el relato. Aunado a la edición de sonido que está increíble y a la espectacular fotografía, todo en esta película fluye de manera natural, todos al servicio del cine.

Así que sin más obviamente he de decir que “Dunkerque” es una gran, gran película. Es cine en su estado más puro. Es lo que se le llama buen cine. Una historia entendible, contada en una narrativa innovadora que prioriza los alcances que te da el cine. No hay duda que Christopher Nolan es hoy por hoy uno de los directores estrella de la actualidad, un tipo que se siente cómodo con grandes producciones. Que bueno, porque ese tipo de cineastas no están al servicio de sus egos, sino del público, uno al que respetan y lo consideran inteligente. Más de esos, pues una película como “Dunkerque” tiene que haber más seguido. Sin duda, una de las mejores películas del año.

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