“El Chapo, temporada 1”, entre la realidad y la ficción

Las producciones latinoamericanas que se hacen sobre narcos y su mundo dejan mucho que desear. Al principio eran… diferentes. No buenas ni malas comparadas con las telenovelas clásicas, simplemente eran diferentes. Básicamente era lo mismo que una telenovela, con sus exageraciones, sus personajes melodramáticos y sus héroes y villanos, pero con una vuelta de tuerca. Era lo mismo, pero diferente. Pero se fueron viciando, alejándose cada vez más de una calidad de ficción al mismo tiempo que creyéndose la octava maravilla que porque es lo de hoy. Tan más falso como eso. Por eso el ser escéptico ante una serie sobre el narco más famoso de México, porque no sabes si es una gatada como “El Señor de los Cielos” o algo más digno como “Narcos” de Netflix. Y el resultado es interesante, pues “El Chapo” maneja bien la estructura de una serie, aunque problemas en algunos detalles no le faltan.

La serie comienza cuando El Chapo es un empleado más de El Cártel de Guadalajara en 1985 o por ahí, cuando ese Cártel era el único en México y que además tenía tratos con el gobierno. Pero la historia avanza cuando El Chapo tiene más ambiciones por convertirse en alguien importante, en un narco importante, y por qué no en convertirse en un patrón. De ahí la primera prueba en su propio reto de ser alguien, acercarse a Pablo Escobar para demostrarle a él, a su familia y a sí mismo de que puede ser un fregón, sólo que en drogas, lo cual no es bonito. Pero como que tiene ese aire de historia de superación y, por ende, hasta te identificas con él, por lo cual funciona. Si el villano tiene carisma, pues se torna más interesante.

Afortunadamente, el argumento está bien estructurado. Son sólo 10 capítulos, más que suficientes para adentrarse en la historia, desarrollarla y concluir algo de ella. No como las llamas teleseries, donde por abarcar más tiempo alargan de forma muy chafa una historia hasta 60 capítulos notándose en la calidad de todos los aspectos. Acá, por estar bien estructurada, estamos ante guiones más cuidados y más definidos, con los personajes mejor presentados. La historia es muy interesante y cómo van sucediendo los hechos es muy atrayente. Tampoco se la quiebran, pero no hacen ninguna gatada en el transcurso de la historia.

Lo que sí es que hay muchos detalles a mejorar. Técnicamente hay cosas dignas por decirlo así como la fotografía, que no es la mejor, pero resulta decente. Está bien ambientada, si te la crees que estás en los 80s. Y las actuaciones están muy bien también. Ante las bajas expectativas, todo lo bueno resulta en aplausos y pulgares arriba. Pero de pronto hay cosas súper raras que te sacan a la realidad. Por ejemplo, me dio ternura las escenas de la avioneta, súper chafa todo. Pero lo peor es el uso de algunos nombres que los cambian, pero al mismo tiempo te indican que se trata de lo que piensas. Por ejemplo, el PRI no existe, lo que existe es el PTI. El escudo nacional no es un águila devorando a una serpiente, es… no sé qué sea, pero está muy raro. Es decir, o lo van a contar bien o lo van a contar mal. O van a ser lo más realistas posibles o no. Yo sé que a lo mejor el poner al PRI como tal resulta en una falta administrativa y todo eso, pero una cosa es inferir y otra cosa es cambiar la realidad por completo. El punto es que es incongruente.

Así que sin más, “El Chapo” resulta un interesante ejercicio sobre la historia del más famoso narco de México. La trama de la serie están bien estructurada y en todo momento te mantiene atento e interesado en lo que suceda. Sin embargo, hay que echarle más ganas a lo técnico y poner en claro en qué mundo o en qué realidad suceden las cosas. En qué nivel de veracidad está todo eso, porque te saca mucho de onda que por un lado utilicen videos de archivo reales de noticieros y que por el otro lado te pongan en primer cuadro el logo de un inexistente PTI. Pero bueno, por lo menos se convierte en una de las mejorcitas que han sacado últimamente sobre el narco.

Leave a Reply

Your email address will not be published.