“El Código Enigma”, y así se lo agradece la sociedad

By February 8, 2015 Críticas No Comments

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El chiste de trasladar la vida real de alguna persona a la pantalla grande es para relatar su historia extraordinaria; sucesos fuera de lo normal y que hayan adquirido cierta relevancia para la sociedad en general. Por supuesto, la vida de Alan Turing es una fuerte candidata para llevarla al cine, pues contiene en sus elementos dramáticos muchas situaciones atractivas para “convertirlas en arte”. Ya es otro cantar si la película funciona para su disfrute. Afortunadamente, “El Código Enigma” (The Imitation Game) resulta correctamente satisfactoria, gracias en buena medida a los interesantes acontecimientos vividos por Turing.

Por supuesto, llevar a buen puerto la historia del “padre de la computación” requería de una buena estructuración dramática. La película da en el clavo al limitarse en el contexto de la vida de Turing durante la Segunda Guerra Mundial (y sus puntuales, pero relevantes antecedentes y consecuencias), pues fue el punto de inflexión, tanto de la ciencia nacida a partir de sus investigaciones como de la sociedad en general. Y en ese punto radica su fortaleza, pues la película le otorga al personaje de Alan Turing (interpretado muy bien por Benedict Cumberbatch) la importancia que desde siempre merecía. Quizá algunas personas puedan ver eso como una exagerada soberbia por parte del director Morten Tyldum, pero es que ahí se cierra la premisa planteada.

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Al reflexionar sobre la película, no sé ustedes, pero me di cuenta que tanto su forma como su fondo es un reflejo de la vida misma de Alan Turing. Es decir, la descripción de la personalidad del protagonista resulta en un hombre inteligente, recto y decidido, pero también como alguien vulnerable, incapaz de luchar si no tiene a nadie a su lado. La película es eso también, pues sus elementos son sobrios y funcionales para los objetivos, pero inseguro a la hora de retratar el ambiente de guerra en todo su esplendor.

De ahí viene la única queja, que en sí es algo importante, pues la endulzada y rudimentaria de la narración lastima un poco la película. Cierto es que “El Código Enigma” avanza con buen ritmo y nunca aburre, pero la cinta en ningún momento presenta una propuesta fresca en cuanto a su narrativa. Me recordó mucho a “Una Mente Brillante” (A Beautiful Mind, Ron Howard, 2001), que en sí ya era un acumulado de repetitivas propuestas noventeras.

De todas formas, “El Código Enigma” brilla por tener como personaje principal a alguien que realmente vivió situaciones extraordinarias y que fue pionero en la forma de vida de la sociedad actual. La película lo aprovecha y lo estructura de una forma adecuada, entretenida y cálida. Sin embargo, la narrativa no es tan inventiva, haciendo que la cinta peque de una dulzura que empalaga los sentidos.

Otra crítica de “El Código Enigma” en Watsamara:

estrella buena

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