Especial James Bond: “007: Vive y deja morir”

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Con el rotundo “No” de Sean Connery para volver otra vez en lo que sería su séptima película dentro de la saga, los productores tenían que conseguir a otro actor que pudiera interpretar al agente 007 y que al mismo tiempo se comprometiera a realizar varias secuelas hasta que el cuerpo no aguantara. Encontraron en Roger Moore a ese nuevo agente, uno que no tratara de imitar a Sean Connery, pero que tuviera la presencia física necesaria para dar con el perfil del personaje. De esta forma, “007: Vive y deja morir” (Live and Let Die, 1973) marca un punto de inflexión en la saga, pues rápidamente se convierte en un vehículo para explotar las “cualidades” de Roger Moore.

Teníamos en las entregas de Sean Connery a un James Bond caballeroso, amable y seductor, pero al mismo tiempo era un hombre rudo, incapaz de tener sentimientos poco “varoniles”. Dichas características también las tendría por momentos y en varias películas Roger Moore, pero creo que su principal diferencia (y que se confirmará con el paso del tiempo cuando lleguemos a las películas de los 80) es su forma de reaccionar ante las situaciones. Connery de una forma seria, y Moore no tan serio. Ese tono de reacción se nota en la película, pues en “007: Vive y deja morir” resulta más alocada y fuera de lugar que las anteriores entregas.

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De entrada, el manejo del argumento resulta muy forzado con todo este asunto de encontrar a un cártel de drogas, claramente inspirado por “Contacto en Francia” (The French Connection, William Friedkin, 1971). Pero el hecho de tener que llevarlo a niveles más internacionales supone una exageración y, por lo tanto, una incoherencia argumental. Quizá eso no se nota tanto, pues el tono que había dejado Connery había sido lo suficientemente fuerte como para dejarlo a un lado, por lo que el cambio a elementos más exagerados y/o fantásticos se vería como una transición durante las siguientes 7 películas de la saga.

Sin embargo, escenas como la granja con cocodrilos, la persecución en bote o el clímax donde el villano muere de una forma ridícula eran indicios de que la cosa no es estaba poniendo seria. No me refiero a que todo sea realista, pero por lo menos sí con la continuidad del tono de la saga. Hay que sumarle al Sheriff que repitiría en la próxima entrega, por lo que la etapa más ligera de James Bond se empezaba a notar.

“007: Vive y deja morir” es una aventura competente. La verdad es que es entretenida y hay cosas interesantes como el buen desenvolvimiento de Roger Moore en el personaje. Pero ciertas secuencias pasan la línea de la inverosimilitud, rompiendo con lo establecido anteiormente para la saga. El hecho de querer competir con otras películas de ese tiempo y retomar la atención del público, hicieron tomar medidas más superficiales que las de costumbre. Lamentablemente, este sería la película “más seria” de las 7 que realizó Roger Moore.

estrella regular

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