Especial James Bond: “Goldfinger”

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Al ver la tercera película de la saga de James Bond es increíble darse cuenta que en dos años finalmente la franquicia del espía británico cimentó el estilo con el que debían partir las siguientes entregas. No por ser parte de un manual ni de un protocolo, simplemente porque de alguna manera se volvieron legendarias y características, y que funcionaban muy bien. “Goldfinger” (1964) terminó por completar el estilo del 007, poniendo un villano, si bien excedido en sus motivaciones, lo suficientemente a la altura del protagonista y una Chica Bond que no pasara de la clásica mujer en peligro.

La primera entrega fue un buen entretenimiento si situamos su conexto con justicia. Aumentado el presupuesto, la segunda entrega sirvió para aumentar la espectacularidad de la aventura. Por tanto, esta tercera entrega le faltaba una cosa para establecer la franquicia, y lo consiguió. Sin duda, “Goldfinger” comienza de buena forma, con una secuencia que, más que situarnos en la historia, nos coloca en el tono, algo que nunca nos dejará hasta que termine la película. De ahí partimos a la secuencia de título, algo que a todas luces se ha convertido en legendario.

Tanto la primera secuencia como la de los títulos son presentadas en un gran nivel. De ahí que haya pocos cambios en las próximas entregas. De hecho, me atrevería a decir que ningún cambio, pues la esencia queda establecida a partir de esta entrega. Y como lo estableció “Desde Rusia con Amor” (From Russia with Love, 1963), el personaje de James Bond se limitaría a introducirse en una aventura en particular, independientemente de otras. Esto sirve para que su naturaleza funcione son soltura.

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Pero aparte de las secuencias iniciales, algo que realmente impacta es en la parte del villano. Durante las siguientes entregas veremos a muchos de ellos que están a la altura de los diferentes Bonds. Todos con una clara motivación de dominar al mundo, o al sistema. No hay mucha ciencia, pero eso no significa un desgaste en el entretenimiento de estas películas. Y aquí, el personaje homónimo a la película es quien lo establece. El guión le da a Goldfinger el suficiente poder de intimidar, de ser una clara amenaza para James Bond (y para el mundo en general).

Y luego está la Chica Bond, la polémica Pussy Galore, quien a diferencia de las primeras (que más allá del bikinazo ofrecían el arquetipo de chica en apuros), en esta ofrecía algo más complejo. Era un mensaje de chica fuerte e independiente, características le hacían a James Bond más difícil conquistarla. Eso, para el público, significaba un mayor interés, pues representaba otro obstáculo al héroe que parecía poderoso. Así que, tanto el villano como la chica, le otorgaban a la franquicia nuevos elementos con los que el James Bond de Sean Connery se las iba a ver difícil, y que daban otras posibilidades en futuras entregas.

No hay duda que “Goldfinger” es la película que marca el futuro de la franquicia, estableciendo por completo el estilo aventurero, con villanos amenazantes y Chicas Bond difíciles que le daban a James Bond un sinfín de conflictos para futuras películas. El estilo narrativo y técnico marcaron un antes y un después, siendo esta película una de las mejores de la saga.

estrella excelente

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