Especial Steven Spielberg: “Munich”

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El cine, como cualquier otro tipo de arte, tiene la función de expresar emociones y sentimientos. Tiene que dar cabida a una postura personal sobre un determinado tema. Es arte, y como tal, ese lado humano tiene que prevalecer y ser lo suficientemente claro. Incluso si hablamos de una abstracción, tiene que comunicarle claramente al público que determinada obra es una abstracción. Pero también, en vez de tomar una postura, se puede presentar dos tipos de líneas y generar un debate. Steven Spielberg le da una vuelva de tuerca a su filmografía presentando muy cuidadosamente su siguiente película. “Munich” (2005) invita al público a reflexionar y decidir por sí solos la moralidad de las acciones que presenta la película.

Hasta ahora, el cine de Spielberg se caracterizaba por mostrar sus propios puntos de vista sobre algún determinado tema (generalmente sobre relaciones padre-hijo). Incluso, “La Lista de Schindler” (Schindler’s List, 1993) era la postura definida de quién era el bueno y quién era el malo, y cómo manteniendo la fe y la esperanza, siendo constantes en su día a día, se podía sobrevivir al peor de los horrores. En “Munich” cambia la estructura de su conclusión, haciendo una evidente crítica al autodenominado héroe, pero nunca llegando a ser arbitrario. Porque por un lado muestra la lucha de una respetable comunidad herida, y por el otro lado cuestiona las reprobables formas de venganza.

Como parte de esa fe judía, Spielberg parte del supuesto de contar una historia sobre gente heróica. Finalmente, son esos palestinos radicales quienes comenzaron la violencia en la Masacre de Múnich. Entonces se presentan dos bandos, los palestinos (los villanos) y los israelís (los héroes). La película entonces parece ir por una estructura dramática convencional, donde la aventura está representada por esos planes de venganza. Afortunadamente, Spielberg no tarda en preguntarle al público, por medio del personaje de un convincente Eric Bana, por la moralidad de esa venganza.

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Y aquí es donde inicia el debate, incluso mientras seguimos observando hacia el final de película. ¿Es correcto apuntalar a la venganza?, ¿No debería haber una justicia legal, con respuestas hacia una Corte?, ¿Es adecuado convertirse en terroristas para eliminar a los “verdaderos terroristas”?, ¿Dónde están los intereses?, ¿Dónde está el sentido común y el ejemplo como sociedad civilizada? Spielberg cuestiona todo esto y lo hace de una forma muy clara con los acontecimientos que persiguen al equipo vengador. Uno como público sólo le queda decidir.

Gracias a un guión que rescata una estructura narrativa sólida, pero le da esos elementos debatibles, Spielberg resulta más cuestionador que nunca. En esta película, su dirección apunta a sacar todas estas preguntas. Es claro en su objetivo y por eso su puesta en escena se preocupa por afinar esas cuestiones. Y claro está, como buen cineasta con un sentido del entretenimiento, le otorga ala película ese tono de thriller, donde la tensión está en cada momento.

“Munich” es una de las grandes películas de Steven Spielberg. Quizá no revoluciona nada como visión artística. Vamos, no propone nada técnico-artístico. Por el contrario, el buen sabor resulta por su mayor atención en el fondo de su tesis. Una premisa que tenía qué terminar en un debate y dejar que el público pudiera sacar sus propias conclusiones. Con el buen manejo de los aspectos narrativos, la sensación es de una película redonda, como entretenimiento y como reflexión.

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