Especial Steven Spielberg: “Tiburón”

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Hay 3 aspectos que conforman el cine de Steven Spielberg (o por lo menos son 3 que yo veo). Uno es el alto grado de entretenimiento que siempre está presente durante toda la narración. El segundo es el trasfondo familiar, donde la falta de una figura (especialmente la paterna) es la causante de los conflictos personales que los personajes deben solucionar en la historia. El primer aspecto lo vemos desde “Reto a Muerte” (Duel, 1971) y el segundo lo percibimos en “Loca Evasión” (The Sugarland Express, 1974). El tercer elemento que existe en el cine de Spielberg es el más externo de su obra, y es la capacidad de hacer dinero con cierta “facilidad”. De alguna forma, con “Tiburón” (Jaws, 1975) reformula los ingredientes que atraen al público, un conjunto exacto de elementos visuales, sonoros y narrativos al servicio del espectáculo.

La historia de “Tiburón” es por demás conocida, pero sobre todo es un pretexto para contarnos los temas que a Spielberg más le interesan. Porque en realidad es muy simple lo que cuenta, sin nada complejo para el espectador. Y sin embargo, muchas de las situaciones tienen una carga emocional o un subtexto importante. Sí, la película está hecha para disfrutar y dejarse llevar por la aventura, pero al mismo tiempo contiene ideas y dice mucho más de lo que aparenta. Detrás de esa lucha por parte de Martin Brody contra el molesto tiburón que azota las playas veraniegas de Amity Island, está una obra que habla sobre el miedo, la seguridad, la corrupción y la familia. No es tanto lo que el tiburón puede hacer, sino lo que las personas pueden perder.

La forma en la que todo ese trasfondo está mostrando es de una creatividad sorprendente. Leyendo y conociendo todo el contexto en el que la producción de “Tiburón” tuvo que pasar, no me queda más que confirmar a esta película como una de las más creativas y originales de la historia del cine. El ejemplo perfecto de que con poco se hace mucho. Por la falta de confianza hacia el joven Spielberg, el presupuesto se mantenía bajo, y a veces se recortaba. Aunado a los problemas técnicos, sobre la marcha se tenía que pensar en soluciones que no decayera en calidad. Y los remedios sólo se podían hacer por gente que entendiera al público, sin perder de vista el tono que querían expresar. El tiburón es terrorífico, pero el no verlo es todavía más intenso.

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De ahí, Spielberg solucionaba los sentimientos que quería expresar por medio de todos los elementos que componen al cine. Guión preciso, una edición con un ritmo enfocado a resaltar la tensión, una narrativa tensa e introvertida, y una mezcla sonora igual de impactante. Sería cliché decir que la música es parte fundamental del éxito de “Tiburón”, por lo que sólo me limito a escribir que más allá de ser una buena partitura, es un legado como forma de interconexión con la obra.

“Tiburón” tiene en su forma esa narrativa que busca el entretenimiento del público. Al igual que “Reto a Muerte”, la tensión es la principal arma con la que Spielberg mantiene la atención. Aunado a eso, le da a su sencilla historia un trasfondo donde el director de Ohio expresa sus ideas sobre la muerte, el miedo, entre otras cosas. Temas que continúan ese tono personal iniciado con “Loca Evasión”. Esos dos aspectos, combinados de forma precisa con la espectacular propuesta, atrajeron de una enorme manera la atención del público.

En resumen, “Tiburón” es un escalón arriba en cuanto a entretenimiento, un espectáculo sensitivo. Esa atractiva experiencia es gracias a todos los elementos cinematográficos que fluyen en total armonía que, además, están realizados de la forma más creativa que el cine haya pensado. El conocimiento del público y, mejor aún, de los mismo personajes, hicieron que Spielberg pudiera narrar una honesta película para el gusto de la mayoría.

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