“Gigantes de México”, medias verdades de ensalzamiento

By October 1, 2017 Críticas No Comments

Los documentales ficcionados, aquellos que surgen a través de una investigación periodística documentada, generalmente en entrevistas, mediante una representación ficticia no son muy comunes en México. Es raro que en México se hagan de esa forma, siguiendo una fórmula que sí tienen muy dominada otras producciones en Estados Unidos, generalmente en canales como Discovery Channel o History Channel. Precisamente es esta última quien traslada el formato a México, contando las biografías de algunos empresarios fuertes en México. El resultado es “Gigantes de México”, una miniserie que, si bien resulta interesante por dedicarse únicamente a la parte empresarial de los protagonistas, en su tratamiento se suaviza para quedar bien.

La miniserie de 4 capítulos cuenta en cada uno el surgimiento de las carreras empresariales y los sucesos que hicieron de Carlos Slim, Emilio Azcárraga Milmo, Lorenzo Zambrano y Lorenzo Servitje grandes en sus respectivas industrias. Un capítulo por personaje, la miniserie tiene muy en claro su estructura empezando por contar los inicios, algunos conflictos típicos de la inexperiencia, siempre solucionados con alguna decisión visionaria y arriesgada que caracterizan a los empresarios exitosos y la consumación del poderío con el que terminan dándole a sus empresas. Todo lo que vemos de esos personajes es interesante y siendo History Channel sabemos que hay una investigación seria, por lo que estamos ante una dramatización de hechos históricos. El problema es que es muy, pero muy superficial.

La miniserie aborda a los empresarios como visionarios (que lo son), exitosos, (claro), determinados (por supuesto) y audaces, consideraciones que no faltan con la verdad, pero que no son toda la verdad, o por lo menos no se entiende que narren sus historias de tanto poder y tanto crecimiento empresarial sin otros sucesos históricos, quizá más oscuros, que le den coherencia. Porque es México, y sabemos que en el país las cosas no son tan de color de rosa. De hecho, en el capítulo sobre Azcárraga Milmo, vemos que para lograr su imperio de medios de comunicación tuvo que fusionarse con la competencia (lo cual no es nada ético) y negociar con el gobierno. Eso lo dicen, sí, pero no le dan la profundidad necesaria. Simplemente el tono es “Hizo eso, esto y aquello, pero qué grande es, qué hombre, qué visión” y más cosas de esas. Discúlpenme, pero aunque así sea tratado en su capítulo, no es coherente que lo ensalcen, simplemente no resulta verosímil, y no es porque me choque televisa, sino que no encuentro algo coherente para decir que ese hombre es tan genial a pesar de negociar con el gobierno.

En fin, la miniserie resulta entretenida, a pesar de eso. Pero otra cosa que no quiero dejar pasar y que merece exponerlo es la parte técnica de la serie y, especialmente, un elemento de esta. Si bien la fotografía y la dirección de arte resultan dignas, temo decir que la parte de audio es terrible, sumamente terrible, una vergüenza. Y lo peor es que no parejo con todos. Vuelvo otra vez al capítulo de Azcárraga Milmo, todo el maldito episodio está doblado, todo. Muchas cosas se doblan, por supuesto, pero aquí lo hicieron muy mal. El lip sync es terrible y las voces son terribles, nada que ver con el tono y la imagen de los actores que salen a cuadro. Un despropósito.

Por esos detalles, “Gigantes de México” no resulta ser una producción realmente valiosa como para presumir. Si bien es entretenida y que repasa momentos históricos relevantes, la miniserie termina por servir a sus protagonistas. No los cuestiona, solamente los ensalza. No es que no digan la verdad, pero les falta verdad. No es que esté en contra de esos empresarios, pero en la narrativa misma resulta incongruente que los ensalcen por episodios históricos que tuvieron cosas turbias. No es algo más que una superficialidad absoluta. Eso y que técnicamente falla en muchas ocasiones, especialmente en el audio, la miniserie no se traduce en un buen resultado. Lástima, porque la idea era buena.

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