“La La Land: Una Historia de Amor”, la magia de la música

By January 23, 2017 Críticas No Comments

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Todo arte que se va creando no se hace completamente de la nada. Es decir, todo es producto de referencias e influencias tanto de arte anterior como de la vida misma. Incluso, los primeros artistas que de pinturas rupestres usan su experiencia de caza para narrar una historia. No tiene nada de malo exponer todas esas cosas que formaron un arte propio, hasta a veces sirve para rendir homenajes. Sin duda, Damien Chazelle tiene en claro que el cine es un arte muy poderoso y no tiene miedo en tomar un género muy característico del cine y hacerlo suyo. “La La Land: Una Historia de Amor” (La La Land) es una mezcla de homenaje al musical de antaño y una exploración a las vocaciones de vida.

Este musical va de una actriz principiante y un pianista de jazz sin éxito que en la búsqueda de sus sueños artísticos particulares se enamoran y se ayudan mutuamente para alcanzar el éxito. Esta es una historia original de Damien Chazelle que, aunque a simple vista suena simple, tiene muchos puntos de vista sobre el alcance de la felicidad. ¿Qué les hace feliz? Chazelle no quiere dejar nada en la duda, así que vemos a los personajes en una relación de noviazgo en el que se ayudan, se aman y se comprometen de una manera especial. ¿Para ser feliz es estar con ese amigo inseparable? ¿Para ser feliz es necesario ir por todos tus sueños profesionales? Sin duda, Chazelle explora muchas situaciones interesantes y durante el viaje que va perfilando y desarrollando a los personajes nos deja con una conclusión congruente para sus personajes, pero no sé si para toda la audiencia.

Si ya de por sí el discurso de la película es muy admirable, con una profundidad que ya quisieran tener otras cintas, “La La Land” es cine en estado puro. Este es el cine que el público pide. Conozco a mucha gente, sobre todo aquí en México, que no sé porqué no soportan los musicales (a lo mejor les da flojera seguir la letra subtitulada mientras cantan, no sé), pero si hay un género que aprovecha mucho todos los elementos que el cine puede ofrecer es el musical. Y esta película es un homenaje en todos los sentidos a aquellos musicales de antaño, especialmente los que se hacían en los 50’s y 60’s. Es evidente que el musical más homenajeado es “Cantando bajo la Lluvia” (Singin’ in the Rain, Gene Kelly y Stanley Donen), por su parecido en la trama de una futura estrella de cine y también en algunos aspectos técnicos y narrativos, especialmente en la última secuencia musical y en la secuencia en la que ellos bailan juntos por primera vez. Pero también hay influencias de otros grandes musicales como “Triunfo Supremo” (Yankee Doodle Dandy, Michael Curtiz, 1942), “Amor sin Barreras” (West Side Story, Jerome Robbins y Robert Wise, 1961) o las películas que protagonizaron Fred Astaire y Ginger Rogers en su momento. Esos homenajes los encontramos en el tono y en la personalidad de “La La Land”, trayéndonos de vuelta esa pasión por cantar y bailar.

Al igual que todas esas películas homenajeadas, el musical de Chazelle tiene un gran punto fuerte en su narrativa. Es sin duda uno de los trabajos más destacados en ese aspecto desde Alfonso Cuarón en “Gravedad” (Gravity, 2013), Alejandro G. Iñárritu en “Birdman” (2014) y George Miller en “Mad Max: Furia en el Camino” (Mad Max: Fury Road, 2015); desde ahorita es mi favorita en los Oscar, y eso que no he visto varias que pueden quedar nominadas. Porque “La La Land” no se queda nada más con las coreografías de los actores, sus movimientos de cámara dicen mucho de lo que quiere contar y qué emociones conseguir. Hay mucho plano secuencia, pero también es admirable cómo narra en otros números musicales, algunos cambiando totalmente la iluminación de la escena, trasladándose a ¿Realidades Alternativas? No sé, pero todo eso queda perfecto en tono y sintonía con la historia que está contando.

Lógicamente, hablar de los aspectos técnicos es meternos en obviedades. No digo nada nuevo o importante si digo que “La La Land” tiene una gran fotografía que, precisamente, sabe cambiar de iluminación durante las escenas y logra capturar ese espíritu del sueño hollywoodense. Tampoco si digo que el diseño de producción es impecable. Ya no digo de la música y las canciones. Ah, qué bonito se escucha todo excepto las alarmas y el claxon. Y claro está, las actuaciones son geniales. No es difícil cantar y bailar mientras la cámara sigue grabando y sin cortes. Se necesita mucha concentración, y aquí todos están muy bien.

Así que en resumen, “La La Land: Una Historia de Amor” es una gran película. Yo pude verla en el preestreno que tienen algunas ciudades de México, pues hasta el 3 de febrero ya se estrena en más salas. Tiene todo para entrar al selecto grupo del buen cine, ese donde la profundidad y el entretenimiento van de la mano. A lo mejor la trama no sea tampoco la gran cosa, como dije, “Cantando bajo la Lluvia” ya trató algo similar, y hace apenas unos años “El Artista” (The Artist, Michel Hazanavicius, 2011) también ofreció un poco de lo mismo; pero de esta me quedo con su discurso, uno que trata de encontrar todas aquellas cosas que nos pueden hacer felices. Además, audiovisualmente en una joyita, con mucho sentido narrativo de cine y mucha calidad técnica. Sin duda, una de las mejores películas del año.

estrella excelente

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