“Okja”, la amistad y las corporaciones

Yo sé que el tema da para otro post, porque no fue poca la polémica que se aventaron en el pasado Festival de Cannes el comité organizador, los miembros del jurado, la prensa y, por supuesto, Netflix. Todo porque, ante la presión de algunos exhibidores y de un círculo cinematográfico más conservador, el comité del festival decidió que a partir del próximo año las películas que compiten por la Palma de Oro tienen que tener un estreno en las salas de cine francesas, bloqueando de esa forma el plan de Netflix que es estrenar sus películas en su plataforma sin ningún recorrido en pantallas grandes.

Está claro que es un debate entre conservadores y progresistas, y dando un vistazo a la historia (y aunque en tiempos se suele variar), los segundos son los que siempre terminan ganando. El cine es una obra audiovisual que cuenta una historia, dando igual donde lo veas pues el lugar nunca es controlable por el autor. Entonces cuando se proyecta la película en el festival, más allá de algunos problemas “técnicos” de exhibición, el adentrarse a la historia es lo que verdaderamente importó. Y ya estrenado en la plataforma de Netflix, vemos que “Okja” es una película con un discurso claro que busca mostrar la importancia de la amistad, la paz y el amor ante todas las cosas.

La película cuenta la historia de Mija, quien vive en las montañas en alguna parte rural de Corea del Sur con una mascota que se llama Okja, un supercerdo (animal que no existe por cierto), cuando la compañía productora de alimentos, quien es dueña del animal, llega a llevárselo para ser mostrado a la gente y eventualmente ser vendido y consumido como carnitas. Bong Joon-ho co-escribe y dirige esta película con un claro discurso, pero no es uno radical ni prepotente, sino uno más apegado a las relaciones sentimentales. El guión está escrito de tal manera que tras una gran aventura comprendamos hasta qué punto somos capaces de proteger a nuestros seres queridos.

Por supuesto, el hecho que los malos sean los empresarios de una compañía de carnes que no les importa el maltrato animal con tal de sacar el mejor producto comestible y que los “buenos” o “no tan malos” sea un grupo radical en pro del cuidado y la liberación animal dice mucho sobre el lado que Bong Joon-ho se iría. Pero eso es sólo un subtexto, sólo una parte de algo más importante. Pues el personaje principal es una niña y su mascota, un personaje que no le importa cómo se mueven las corporaciones y los grupos en pro de los animales. Lo que ella busca es a su mascota que tanto cariño le tiene por lo que está dispuesta a hacer todo con tal de recuperarla. Y por ahí va el tema, sobre hasta qué punto eres capaz de hacer las cosas por ese ser amado.

En esa parte me deja una muy buena sensación. Y por supuesto, en las formas también tiene mucho mérito. A lo mejor se ve en ocasiones muy fake los efectos del Okja, pero nada como para criticar al por mayor. En realidad, Bong hace una película muy entretenida, con buenas secuencias que te mantienen atento en todo momento. Quizá peque un poco en el ritmo y hasta en el tono, especialmente por contar con personajes excéntricos, pero nada como para bajar el nivel abruptamente. Todo está muy bien, desde la música, la foto y, claro, las actuaciones, especialmente las de Tilda Swinton y la de Jake Gyllenhaal.

En resumen, “Okja” es capaz de hacerse notar por su historia y por su discurso, uno muy noble que habla sobre la amistad la paz y el amor. Quizá pareciera que va más por el repudio de la gente que come carne y ese tipo de cosas, pero creo que realmente no va por ahí la cosa. De hecho me recordó un poco a la serie documental de Netflix llamada “Cooked” que precisamente habla de que es importante consumir de todo, carne por supuesto, pero que también es importante de sensibilizarse ante el origen de los alimentos. Lo de la polémica en Netflix queda en un segundo plano, demostrando una vez más que no importa el medio, lo importante es el mensaje.

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