“Twin Peaks, season 3”, misterio bizarro

By December 6, 2017 Críticas No Comments

Como dicen por ahí, el gusto se rompe en géneros. Se hace válido que a uno le guste el auto negro y a otra persona le guste el auto rojo, por decir cualquier cosa. A fin de cuentas, lo importante es que el auto funcione correctamente, tenga todo funcionando a la perfección y pueda andar sin ningún problema. Pero otra cosa es que te guste un auto inservible, con las llantas ponchadas y una batería deficiente. Más o menos así es con lo que me encuentro en ocasiones cuando me topo con algún amante del arte contemporáneo, mal conceptualizado como cualquier cosa con discurso aparente a fuerzas explicativo por fuera, defendiendo alguna producción audiovisual, llámese película, serie, documental o videoarte, más por su rareza y pretensión que por su valor como obra artística que conecta con el espectador. Esos tipos se disfrazan de intelectuales que se las saben todas, pero que en muchas ocasiones no tienen idea de porqué es válido su gusto. Eso les pasa mucho a los cineastas también, entre varios artistas, que defienden su arte porque para ellos sí es coherente, olvidándose que la principal función de su obra como arte es la conexión con la gente. Y eso es lo que no tiene la tercera temporada de “Twin Peaks”, una serie que deambula en ideas de narrativa poco convencionales que no atrapa como debiera.

La serie va de varios misterios contados a lo largo de 18 capítulos que tienen algunas cosas en común como que todo sucede en ese pueblo que da título al nombre y que tienen al Agente Especial Dale Cooper como principal hilo conductor. David Lynch vuelve a dirigir estos nuevos episodios tal como lo hiciera con las primeras dos tandas a principios de los 90. Lynch es un director de cine no convencional. El ser no convencional no está mal, al contrario. Se requiere de valor para innovar en la narrativa, y si las cosas salen satisfactoriamente los resultados se engrandecen más. Pero el ser no convencional no es garantía de genialidad, pues siempre y en todo momento se debe de cuidar la congruencia en tono y en la conexión con el público. Por ejemplo, una película genial que tiene una narrativa poco convencional es “Sueños, Misterios y Secretos” (Mulholland Drive, David Lynch, 2001), y es genial porque Lynch nunca se sale de tono y conecta con el público a través de las emociones y los sentimientos de sus personajes. Pero con esta tercera temporada de “Twin Peaks” es distinto.

Creo que al mismo tiempo que el número de fans de David Lynch ha estado aumentando en los últimos años, él mismo ha estado creyéndose que es un gran artista intachable y que cualquier cosa e idea que piense se convertirá inmediatamente en algo por el cuál tenemos que apreciar, porque su mente contiene mucho significado, mucha profundidad; no importa qué ni por qué, pero cualquier cosa que toque se convertirá en una obra de arte. Pues no. Sí, podrá tener una idea loca, pero tiene que conectar, y en esta ocasión… por lo menos conmigo no conectó. Varios capítulos son pausados, otros no tanto. Varios capítulos están escritos con las patas, con acciones y diálogos sin congruencia y hay otros capítulos más destacados en ese aspecto. La irregularidad se apodera del conjunto.

Más allá de que sí puedas disfrutar algún capítulo por separado (y dormirte con otros), este tipo de producciones deben estar unidas bajo un parámetro establecido, temático y tonal, y no por algún personaje en particular o algún lugar. Por sí solos, me tendría que detener en cada uno y así, paso a pasito, separar qué capítulo vale la pena y qué capítulo es una pérdida de tiempo. Pero como a mí me gusta apreciar parejo, tal y como nos fue vendido, tengo que considerar un conjunto de historias entrelazadas muy irregulares. Siento que mi veredicto vaya a estar por debajo de listas “intelectuales” de lo mejor del año, pero en realidad no me importa. Porque sin duda, “Twin Peaks” es una serie pretenciosa, que sólo Lynch entiende (los fans que digan que sí entiendan estoy casi seguro que dicen eso por pose o porque están equivocados) y que falla en conectar con el público.

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