Una película puede ser una marcha también

By November 20, 2014 Reflexiones No Comments

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Estoy totalmente convencido, y nunca dejaré de decirlo, que el cine tiene dos objetivos que le dan sentido a su estructura. Por un lado tiene que entretener, y por otro lado tiene que hacer reflexionar. Una película que tenga ambas condiciones podrá decir que cumplió con los objetivos básicos para aspirar a la lista de lo mejor del mundo. Todo el cine que es considerado de excelencia comple esos requisitos.

Ahora bien, la reflexión final estará marcada por una resolución a la tesis bien aterrizada, juntando los argumentos y exponiendo los resultados. Hay muchos tipos de reflexiones en el cine, se podría decir que las reflexiones son infinitas. Sin embargo, las reflexiones creadas a partir de una postura en contra de un sistema, especialmente cuando el sistema es representado por un gobierno (independientemente cuál) que no administra de la mejor manera los recursos públicos, suelen ser interesantes ya que adquieren un enfoque protestante, una lucha que aún no ha terminado. El cine, como un vehículo de protesta, se convierte en una marcha audiovisual.

El cine tiene varios años de protestar, de pedir un lugar digno para vivir. Quizá la película mexicana más famosa y que sigue tan viva en espíritu es “Los Olvidados” (Luis Buñuel, 1950). En su momento pudo ser visto como una protesta a las condiciones de pobreza que en ese tiempo se vivían. Ahora adquiere otra dimensión, pues la película se ha convertido en la prueba de una sociedad permisiva. Tantos años y la trama se sigue repitiendo en la vida real, la sociedad mexicana no ha sido capaz de revertir la situación.

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Películas sobre la matanza de Tlatelolco, como Rojo Amanecer (Jorge Fons, 1989) y por supuesto diversos documentales que imploran un cambio de mentalidad en la sociedad. Se vienen a la mente Presulto Culpable (Roberto Hernández y Geoffrey Smith, 2009), Gimme the Power (Olallu Rubio, 2012) o la reciente H2O MX (José Cohen y Lorenzo Hagerman, 2013), entre muchos otros incluyendo cortos documentales. Por supuesto, documentales internacionales que buscan un cambio más allá de la nacionalidad como las cintas de Roger Moore.

Hasta ahora ninguna película ha cambiado a un país. Y estoy seguro que jamás lo hará. No imagino ese momento. Es la suma de todos los medios, de todas las organizaciones, de toda la sociedad la que hará cambiar la situación. Al igual que una marcha convoca a miles y miles a las calles a protestar, marcando el inicio de algo bueno, una película puede ser el chispazo. Pero siempre el chispazo, nunca la flama.

Un buen cineasta no necesariamente tiene que ser partidario a una ideología radical, para nada. Pero sí tiene que hacer su trabajo con ética, como cualquier otra persona lo deber hacer. Una película puede ser una marcha, igual a las que ahora prosperan en el país, si se hace de manera responsable.

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